Estudio sugiere que comer tomate podría mejorar el funcionamiento del cerebro

Un ensayo de la Universidad de Barcelona encontró que comer tomate podría reorganizar las conexiones del cerebro para mejorar la memoria y la atención.


El tomate es quizás uno de los ingredientes más utilizados en las cocinas de todo el mundo y su consumo frecuente y constante podría estar relacionado con mejoras en las conexiones cerebrales que, a su vez, optimizarían algunas funciones cognitivas relacionadas con la atención y la memoria.

Esta es la conclusión de un nuevo ensayo aleatorio liderado por investigadores de la Universidad de Barcelona que, a decir de los propios autores, «es el primer ensayo clínico que relaciona los cambios en el licopeno con alteraciones en la conectividad funcional del cerebro».

El licopeno es un antioxidante natural presente en frutas y verduras como la papaya, el tomate y la sandía que, además, es responsable del color rojo en estos alimentos. Investigaciones previas sugieren que esta sustancia es capaz, entre otras cosas, de reducir la neuroinflamación, al tener características que le permiten atravesar la barrera hematoencefálica, aquella estructura que controla las sustancias que llegan al cerebro.


Las personas que beben habitualmente varias tazas de café o té al día tienen un menor riesgo de desarrollar demencia y un deterioro cognitivo más lento, según ha descubierto recientemente un amplio estudio de largo seguimiento.


A pesar de este conocimiento, hasta ahora no se había estudiado si este pigmento podría alterar el funcionamiento cerebral y en qué medida. Para abordar la incógnita, los especialistas diseñaron un ensayo aleatorio y de diseño cruzado, en el que participaron 42 adultos sanos de entre 40 y 55 años de edad.

Todos los participantes siguieron dos tipos de régimen alimentario para determinar la posible influencia del licopeno en su organismo. Después de mantener una dieta con niveles bajos del antioxidante, los individuos consumieron aproximadamente 35 gramos de pasta de tomate al día durante tres meses. Tras un periodo de descanso de un mes, los participantes adoptaron una dieta baja en licopeno durante tres meses.

Después de cada una de las intervenciones, los investigadores realizaron exámenes de sangre para medir el nivel del antioxidante y su posible influencia en la presencia o disminución de otras sustancias. Los participantes realizaron una serie de pruebas diseñadas para evaluar su rendimiento cognitivo y los investigadores, además, realizaron escáneres a un subgrupo de 14 participantes para saber si los cambios provocados por la dieta podrían estar relacionados con ciertas modificaciones en la actividad cerebral.

La aparente relación entre el tomate y las mejores en la memoria y la atención

Después de la dieta rica en salsa de tomate, los resultados de las pruebas de sangre mostraron una esperada concentración elevada de licopeno, así como un ligero incremento de BDNF, una proteína relacionada con el crecimiento y funcionamiento del cerebro. Por su parte, las pruebas de capacidades cognitivas mostraron mejoras en la atención selectiva y un reducido aumento de la memoria asociativa tras el consumo frecuente de tomate.

Finalmente, los escáneres cerebrales mostraron una reducción de la conectividad en estado de reposo en las redes frontoparietal y auditiva durante la etapa con mayor consumo de licopeno. En cambio, cuando los participantes siguieron la dieta baja en tomate, se observó una reducción de la conectividad en la red de atención dorsal.

En el trabajo publicado en la revista Antioxidants, los autores explican que “en conjunto, estos cambios neuronales sugieren que el consumo de tomate promueve la reorganización funcional de las redes cerebrales a gran escala, mejorando la eficiencia y la adaptabilidad neuronales mediante la eliminación de interacciones redundantes entre redes”.

Los científicos subrayan que sus hallazgos son preliminares y sugieren que el consumo de salsa de tomate podría favorecer la función cognitiva y modificar la conectividad cerebral en adultos sanos de mediana edad. Sin embargo, reconocen que el ensayo no puede establecer de manera concluyente una relación causa-efecto entre el consumo del producto y mejoras directas en la memoria o la atención, debido a las propias limitaciones del estudio.

El trabajo señala que el análisis de las imágenes cerebrales se aplicó a un grupo reducido y estadísticamente insuficiente de participantes. Además, los participantes conocían de antemano las intenciones del experimento y sus fundamentos, por lo que no puede descartarse completamente que el conocimiento de la dieta haya influido en la motivación o el esfuerzo durante las pruebas cognitivas.

Los autores señalan que es necesario profundizar en la investigación. Sin embargo, reiteran que, según sus conclusiones, “el consumo regular de tomate parece mejorar la atención selectiva y la memoria asociativa en adultos sanos de mediana edad, posiblemente a través de mecanismos neurotróficos y neuroprotectores mediados por antioxidantes y la reorganización específica de las redes cerebrales funcionales. En conjunto, estos hallazgos sugieren que el consumo de tomate podría contribuir a mejorar la función cognitiva en la mediana edad”.



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