La reforma que pretendía acabar en México con los espectáculos que explotan a delfines y otros mamíferos marinos no solo está fallando en garantizar el bienestar de los animales que son utilizados y explotados en este tipo de actividades. La normativa también estaría incumpliendo su promesa de poner fin definitivo a la reproducción de cetáceos para mantener un modelo de entretenimiento y negocio que implica la explotación de la fauna.
En junio de 2025 se aprobó una enmienda a la Ley General de Vida Silvestre que prohíbe el uso de mamíferos marinos, como delfines, lobos marinos y orcas, entre otras especies, en espectáculos fijos o itinerantes.
La legislación también establece la prohibición de capturar y reproducir estas especies bajo manejo intensivo, excepto cuando dichas actividades se realicen con fines de reintroducción, repoblación o translocación.
Para el caso de las especies pertenecientes al grupo de los cetáceos, los ejemplares deberán estar ubicados en corrales marinos y no en instalaciones de concreto, como albercas y estanques. Cuando esto no pueda realizarse, deberán permanecer en instalaciones abiertas que reciban intercambio de agua del exterior, ya sea por flujo de mareas o mediante un sistema de bombeo.
Los legisladores aseguraron que la reforma coloquialmente conocida como “Ley Mincho” garantizaría que los mamíferos marinos que en aquel momento participaban en espectáculos serían la última generación expuesta a ese tipo de abuso.
No obstante, diversos casos recientes exponen que esta promesa está lejos de cumplirse. Veeleaf, una organización mexicana que trabaja por la abolición de la explotación animal, lleva meses investigando y documentando el caso de «Gary», un delfín que nació en cautiverio después de la aprobación de la reforma y que ha comenzado un programa de adiestramiento para interactuar con turistas en Dolphin Discovery Puerto Aventuras, ubicado en las cercanías de Playa del Carmen, Quintana Roo.
De la vida silvestre a un modelo de explotación reproductiva
Esta instalación es identificada como un delfinario comercial en activo que mantiene diversos animales marinos en cautiverio para comercializar experiencias de interacción directa con el público en general.
“Veeleaf monitorea y filma esta instalación desde hace más de un año y medio. Durante los últimos dos meses, nuestros conteos han registrado de manera constante 31 delfines, incluidos ‘Gioconda’ y ‘Gary’. El expediente judicial de The Dolphin Company también registra siete manatíes y dos lobos marinos en la instalación”, señaló la organización a WIRED en Español.
Gary fue identificado por Veeleaf por primera vez el 19 de noviembre del año pasado. No se tienen datos concretos sobre su fecha exacta de nacimiento. Sin embargo, los especialistas de la organización sugieren que el nacimiento del animal pudo ocurrir alrededor de esa fecha, quizás un poco antes.
Según información compartida por Veeleaf con WIRED, Gary fue identificado por un exentrenador como una cría de “Gioconda”, una hembra capturada en aguas cubanas del golfo de México. Ceta-Base señala que posteriormente habría permanecido en un centro de resguardo, probablemente el Acuario Nacional de Cuba, antes de ser trasladada a una instalación no especificada de Dolphin Discovery el 30 de noviembre de 2000. Se sabe que Gioconda gestó en cautiverio al menos cuatro crías machos entre 2004 y 2014, que recibieron los nombres de “Da Vinci», “Atila”, “Carlo” y «Fernando”.
Un documento judicial relacionado con el proceso de bancarrota presentado por Leisure Investments Holdings LLC, matriz del grupo empresarial al que pertenece Dolphin Discovery, señala que Atila se encuentra en Dolphin Discovery Puerto Aventuras, mientras que Carlo está registrado en Dolphin Discovery Isla Mujeres. Sobre Fernando, la información señala que se encontraba en Dolphin Discovery Costa Maya, aunque esta instalación ya no opera como delfinario. La ubicación de Da Vinci no está confirmada.
Gary, el delfín que desafía la eficiencia de la Ley Mincho
La información sugiere que estos animales podrían haber experimentado situaciones similares a las que Veeleaf documentó alrededor de Gary. Su evidencia multimedia expone que, si bien el delfín y Gioconda mantienen una convivencia permanente y cercana, también están expuestos a mecanismos de adiestramiento que eliminan sus instintos naturales para sustituirlos por un mayor acercamiento con los humanos y el “aprendizaje de trucos” a cambio de alimento.
Las imágenes muestran que, durante los primeros cinco meses desde el primer registro de Gary, Gioconda manifestó su instinto maternal de protección para evitar que su cría se expusiera a experiencias desconocidas, como el acercamiento con humanos o el uso de una sonda gástrica. Esta habitualmente se emplea como método para monitorear la salud de los delfines en cautiverio o mejorar su hidratación bajo estas condiciones.
Aunque siempre se les observa juntos, los videos muestran a Gary y su madre nadando en círculos en estanques delimitados por concreto. Este comportamiento, aunque en condiciones silvestres puede asociarse con una estrategia avanzada de caza o con una forma de entrenamiento, en cautiverio suele relacionarse con señales de estrés derivadas de los reducidos espacios de movimiento.
Durante el sexto mes se observa un cambio tanto en el comportamiento de los animales como en el de sus cuidadores. Mientras los humanos aumentan su interés por interactuar con la cría, Gioconda se muestra “menos incómoda” ante la situación, y Gary parece ganar confianza en ese entorno de “convivencia”, en el que sus medios de alimentación están condicionados.